Abrir una editorial que no se proponga ganar dinero es una empresa extemporánea. Los que saben sostienen que es necesario un catálogo de cien libros publicados para llegar tan sólo a cubrir los costos. Para una editorial independiente, eso implica diez años de trabajo a pura inversión. Mardulce, una entre varias en Buenos Aires, se propone eso: editar por amor al arte y porque el libro es, para los que la hacen, un objeto imprescindible, destinado tal vez a sucumbir por los embates de la industria del entretenimiento y los mogules de la concentración de contenidos. Mardulce se ubica en el espectro incierto de una cultura que resiste; encuentra su razón de ser en una franja muy pequeña de la población cuyo protagonista lleva el nombre de una especie que, como toda especie amenazada, hace al mundo más amable y más vivible: el lector o, para no ofender a los defensores de ese invento de los campus norteamericanos que es la política de géneros, la persona que lee.
A ellos, a las personas que leen, van los libros de Mardulce como botellas al mar esperando la gracia de la curiosidad, la inspiración, el diálogo en silencio. Las personas que leen encontrarán en Mardulce dos colecciones. Una de ficción que rescata olvidos y descubre talentos; otra de ensayos que se propone hacer visible la real geografía de conflictos que modifica nuestras vidas sin que nos demos cuenta y pone en palabras lo que esa ominosa abstracción llamada “poder” preferiría silenciar.
Después de la Feria de Frankfurt del año 2010, la ficción argentina ha entrado definitivamente en el circuito internacional. Esta ciudadanía no se alcanza porque sí, sino porque hay talento joven que todavía cree en la defensa de la especie. Nos gustaría que esa apuesta no fuera una acción solitaria y pudiera salir de su ostracismo privado mediante un diálogo que se instale más allá de las camarillas. Esta es la apuesta de las dos colecciones: romper la sensación de embrión que invariablemente tiene toda empresa cultural en un país agobiado por el polvo de polémicas centenarias que llevan siempre al mismo presente.
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