REVISTA DE MARDULCE EDITORA
MARZO 2013 NÚMERO 04
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Sobre Gracias de Pablo Katchadjian


Una novela de aventuras que cuestiona los efectos de los presupuestos narrativos con los que opera.

Gracias, publicado por Blatt & Ríos, 2011, es la segunda novela publicada por Pablo Katchadjian. De manera inmediata, de Gracias se podría decir que es una novela de aventuras que narra una revolución de esclavos en una isla desde la perspectiva de su líder. Tal vez en el Caribe. Las islas del Caribe fueron lugar de esclavismo, y posteriormente de revoluciones por doscientos años, desde Haití a Cuba. Sin embargo, en Gracias todo contexto histórico está licuado y la isla es cualquier isla –o todas las islas– y a la vez un lugar excepcional. Esta omisión la hace caer dentro de lo que podríamos llamar el presente. Narrada en primera persona, en pasado, con una trama ejemplar y lineal, nadie podría negar que se trata en la superficie de una novela convencional, con principio, desarrollo y fin.

Se puede leer Gracias como íntimamente vinculada a la anterior novela de Katchadjian, Qué hacer, aparecida en 2010 en Bajo la luna, con la cual mantiene una relación de extrañeza y semejanza. Qué hacer no cumple con ninguno de los requisitos de una novela convencional: no es lineal, no hay trama, ocurre en muchos lugares a la vez, los personajes saltan de un lugar y momento a otro en un parpadeo. Entre ambas, Katchadjian lleva a cabo un juego de continuidades y diferencias dentro de cada texto y entre uno y otro que es notable. En Qué hacer, la continuidad está dada por Alberto y el narrador, que atraviesan una serie de escenas recurrentes donde encuentran figuras en un juego combinatorio, con instancias y objetos que aparecen de manera repetida, combinándose de maneras diferentes a cada capítulo o escena: estudiantes, trapo viejo, universidad inglesa, viejas, ochocientos bebedores, etc.. Las cosas no son nunca lo que parecen, y el mecanismo que se repite es el salto de una situación a otra, se repite lo mismo recombinado. La escena fundamental a la que los personajes vuelven una y otra vez es la universidad inglesa, en la que tienen que enseñar algo que no saben frente a los amenazantes alumnos. El tema que ronda la novela y termina siendo enunciado al final, es la revolución: cómo hacerla, cómo elegir entre la multiplicidad de posibilidades que se presentan. Cómo dejar de saltar de un escenario a otro. La respuesta que cierra la novela, en cuanto a respuesta al título del libro, cómo determinar un curso de acción, es abierto: “Entonces lo que se hace casi siempre, es algo que a uno le ocurre, no algo que uno decide, excepto en los casos en que los que sólo se puede decidir, porque en esos casos es posible y obligatorio decidir; por ejemplo, si en la bifurcación anterior uno de los caminos fuera claramente un campo minado; aunque, claro, el problema es saber reconocer los campos minados”. El lugar, en cambio, aparece anunciado pocas páginas antes: “Estamos en un parque y oímos una voz que nos dice: esa isla está ahí pero es como si no estuviera. Alberto y yo, sin embargo, no sabemos a qué se refiere ni vemos nada parecido a una isla.” Gracias, su siguiente novela, se puede leer como el tránsito de ese campo minado, en una isla.

En Gracias la continuidad está dada por la unidad ejemplar de la trama, los personajes, el entorno de la isla, la causalidad que liga los hechos. La discontinuidad aparece de dos modos. Como repetición, en ciertos momentos de encuentro del narrador consigo mismo: casi todos los días despierta y encuentra su desayuno, el día es bueno, no hace ni frío ni calor, la marina practica tiro en el puerto. Algo similar ocurre con la descripción de unas raíces con propiedades psicotrópicas: “rojas, peludas y viscosas, blandas y carnosas, pero con un tronquito muy fino en su interior”, que parecen venir de otro planeta. Y son estas raíces las que provocan la escisión del narrador en dos personas a causa de su ingesta, lo que rompe la unidad del personaje y de su accionar revolucionario: pone aún más en evidencia que no sabe, realmente, qué hacer, o justamente, sí sabe, porque actúa.

 El proceso de la revolución de los esclavos, comienza con al asesinato de uno de los amos a manos del protagonista por motivos triviales: los otros esclavos están cansados de ser esclavos y lo empujan a hacerlo. A partir de allí, la revolución avanza: los esclavos conquistan un castillo, luego otro, luego otro. Los hechos que se suceden a toda velocidad, la revolución de los esclavos va de triunfo en triunfo. Pero Katchadjian introduceen esta novela de aventuras del siglo XIX dos elementos que pueden parecerles, en principio, extraños: el horror y la memoria tal como se entienden en el siglo XX y el problema de su representación. En temas a los que la tradición asignaría tratamientos realistas, apegados al testimonio documental o al alegato, Katchadjian toma el camino opuesto: la ficción fantástica donde lo sobrenatural se acerca a lo religioso, a través de una escisión en el relato.

Por una parte, el proceso revolucionario sigue su marcha y escapa del control de su líder. Sus lugartenientes, no bien adquieren poder, no dejan de cometer crímenes y matanzas, venganzas, convirtiéndose en nuevos tiranos. El líder quiere una revolución ideal, programática y lineal. Es un “alma bella”, ingenuo e idealista, que rechaza el título de “rey” que, tal como Robinson se atribuía a sí mismo, los otros quieren asignarle. Busca la libertad para todos e improvisa una consigna: “Mejor muertos que esclavos”. Al mismo tiempo, es un privilegiado, en tanto experimentó la esencia de lo que está en el fondo de la esclavitud, el amo lo obligó a hacer lo peor, lo inimaginable, el horror, lo que no se puede describir –y que Katchadjian no describe. Esta tarea alude a los campos nazis y otras prácticas humanas de cosificación del otro que parecieran colocar al hombre fuera de lo que se ha dado en llamar “humanidad”: es el núcleo de la esclavitud. Obedecer, a las tareas que asigna el amo, sus humillaciones –que pueden ser tolerables, incluso hay buen trato–, pareciera ser soportable, es parte de la realidad, y se soluciona con un crimen. Sin embargo, esta tarea, innombrable, lleva al tema de la irrepresentabilidad y a la catástrofe.

El resultado de Gracias, es doblemente inquietante. Las fuerzas desencadenadas por el héroe al tratar de destruir lo ominoso y de acabar con el horror –con la propia experiencia del protagonista de lo horroroso– terminan contaminándolo todo. Esto no se debe a los efectos políticos de la revolución, que termina siendo la repetición de nuevas formas de opresión, siguiendo una trama lineal o histórica. Es el intento del héroe de enterrar el horror para siempre lo que termina siendo su peor crimen, mucho mayor que aquel que temía cometer al principio: quizá el error de un “alma bella”, que puede matar al amo pero no matar al mal. Al intentar el olvido, “Necesito hacerlo para olvidarlos”, dice el protagonista y su compañero Hugo coincide: “nadie, nunca, fue sometido a algo así” desata una catástrofe que vuelve inhabitable la isla. Por llevar adelante su necesidad personal, en nombre de una experiencia privilegiada por lo singular –y que lo transporta a lo general– de eliminar el horror y al mismo tiempo superar su trauma, desencadena fuerzas inconmensurables. Pero el efecto más inquietante de Gracias es que pone en correlato los efectos de ciertos presupuestos narrativos –es una novela de aventuras– el héroe logra escapar –como hombre libre– para narrar, dejando detrás suyo miles de muertos. Como una subjetividad que se cree dueña de sí, liberada del horror, continuidad a través de procesos que terminan, que tienen un final claro, como las novelas.



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