REVISTA DE MARDULCE EDITORA
MARZO 2013 NÚMERO 04
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Por una literatura falaz


Discusiones en la escritura del presente:¿imitación, realismo, o experimentación?

¿Cuáles fueron las discusiones del campo literario en el último tiempo? Pienso en la controversia que tuvo lugar en las páginas de la Revista Ñ y cuyas notas más importantes habían sido tituladas “La pelea de los narradores” y “Escritores en pugna”. En esa discusión, me sorprendí ahora al comprobar que sucedió hace ya ocho años, el tema central parecía ser “tradición y vanguardia” pero esto rápidamente se veía distorsionado por rencillas de otro tipo. El segundo caso que quiero apuntar es un poco más reciente aunque transcurrió hace ya cuatro años, en 2008. En la librería Eterna Cadencia se cruzaron Martín Kohan y Juan Terranova, allí se había dado una discusión sobre lo que podríamos resumir como “experiencia y escritura”. Terranova en aquella oportunidad trataba de poner en valor la experiencia y las vivencias del escritor, por otro lado Kohan afirmaba que lo que le interesaba eran los escritores escribiendo y no sus historias de vida. El tercer caso que quiero  poner en relación en sobre la visita de Vargas Llosa a la Feria de Libro, la carta escrita por Horacio González y el pobre intercambio sobre la figura política de los escritores. En estas tres escenas, que arbitrariamente intento poner en sistema a modo de representar sobre qué estuvo discutiendo el campo literario, hay algo en particular que me interpela: la preponderante falta de discusión sobre cómo se escribe o sobre formas estéticas, en las tres escenas me llama la atención la carencia de discusión sobre, para resumirlo en una la palabra, literatura.  Creo que hoy cuando se discute en el campo literario la cuestión sobre las formas, sobre qué y cómo se escribe, incluso sobre cómo leemos pareciera, en términos generales, estar corrida a un lado. Ahora bien, ¿La falta de discusión en este orden será un síntoma de la carencia de conflictos? No lo creo. Por el contrario, pienso que las discusiones en el campo literario a menudo y quizá como un efecto del tiempo de relatos mediáticos sobre el que nos movemos se desvían en otro tipo de disputas, a veces chicanas personales, otras como modos de contribuir al armado de una figura pública, la mayoría últimamente se desvían a contrapuntos menos políticos que partidarios y más estereotipados que profundos.

Unos días atrás en una breve charla con un amigo escritor en un café, le comento la idea de tomar tres escenas del campo literario para argumentar la sospecha que tengo sobre que cuando se discute de literatura, de lo último que se habla es de literatura. Con este amigo seguimos hablando de otros temas y en un momento, mirando a la ventana, me interrumpe (como si nunca hubiera dejado de pensar en lo que le había dicho) y dice que quizás yo noté eso porque de literatura no se puede discutir ¿qué vas a discutir, me interpela, sobre gustos? Dos días después leo en el libro de Beatriz Sarlo Ficciones argentinas: “Un gusto deja de ser arbitrario no cuando se lo cree correcto (¿quién puede decidirlo?), sino cuando se lo argumenta con exactitud”. Ahora pienso que suelo relegar la noción de gusto al momento de hablar de un libro (más interesado siempre en la experimentación con la lengua, en el artefacto literario, en qué se pone a funcionar en un libro cuando alguien lee) y quizás una discusión sobre los argumentos, si es que los tenemos, de nuestros itinerarios como lectores pueda decirnos algo que aún no sabemos del estado de la escritura del presente.

Tengo cierta dificultad para ver en la actualidad tendencias o linajes claros y determinantes con los que se pueda organizar las escrituras de ficción. Creo que esto podría ser un síntoma de la literatura del presente. Sobre todo me parece ver que hay cierta urgencia por rotular tendencias aunque más no sea con un solo libro, agrupar escritores solo por cuestiones de edad, una especie de: “Sos joven, lo que haces es nuevo”. Lo cual es un error, un escritor joven, inédito, puede hacer un libro que reproduzca todos y cada una de las formas anquilosadas de la literatura. Y esto me lleva a preguntarme por otro  punto que tampoco tengo del todo resuelto pero me parece más noble compartir sospechas y dudas que inventar afirmaciones que no sabría argumentar. El punto al que quiero llegar podría denominarlo como “la imitación de textos que fueron rupturistas”, o podría decirlo en forma de pregunta ¿Cómo se incorpora la lectura de ciertas vanguardias a una nueva escritura? En este sentido pienso si las escrituras que parecen nacidas de Walsh y Puig, solo por nombrar dos casos conocidos, no están más cerca de ser imitaciones, meras reversiones, antes que llegar a inaugurar nuevos universos de sentido. Incluso parecieran tipificarse ciertos estilos de escritores para convertirse en géneros con normas y convenciones específicas, con un previsible horizonte de expectativas. Hoy pareciera claro cómo sería una novela a lo Walsh o a lo Puig.

Otro punto que me interesaría discutir son  las escrituras de corte realista y transparente, o con aspiraciones realistas y de formas simplificadas, en tanto toman a la literatura como una especie de “correa de transmisión” entre la experiencia de vida y la escritura, como si no hubiera otra cosa que una representación (casi naturalista) cuya eficacia dependerá de la pericia del ejecutor. Una literatura transparente, que se dedica a contar historias, que es ingenua (por no decir ignorante) de las formas (aunque no puedan escapar de ellas), cuyo principal yacimiento son los contenidos, los motivos temáticos y la apelación a una supuesta escritura “sincera” o “genuina”. A esto quisiera contraponer la literatura falaz. Anota César Aira: “La literatura es falaz en dos planos: usa una palabra cuyo valor de cambio deja de ser su sentido directo, y pone en escena el teatro de ese uso perverso”. Escrituras que asumen riesgos, que bucean en el lenguaje y cuya marca de identidad está relacionada con la experimentación. Escritores que desconfían, precisamente, de la eficacia del lenguaje y parecieran mostrar el revés de la escritura. Thomas Benhard decía que no bien se le aparecía durante la escritura aunque más no fuera la punta de una historia en el horizonte, le pegaba un tiro. En esta línea es que me pregunto quiénes son hoy los escritores que podrían hacer afirmaciones y libros con convicciones similares. Quiero decir, me interesa pensar y discutir quienes hoy escriben, para decirlo con Roland Barthes, haciéndole trampas al lenguaje.

Por último quisiera agregar que en la mayoría de las discusiones nos topamos con escritores hablando, me gustaría ver un debate de “escritores escribiendo”. Una puesta en escena de esas escrituras que se enfrentan. Es decir, qué mejor que un grupo de hombres cuya identidad se constituye públicamente a través de la palabra escrita que discutan a través de textos. Al fin de cuentas, jugar en el terreno por el que se disputa. No hay otra forma de mover un ápice de de la literatura más que escribiendo.

Conferencia pronunciada el 21 de noviembre de 2012 en Mardulce Terraza, en el segundo encuentro organizado en la terraza de la editorial Mardulce, dedicado al tema: ¿Sobre qué estamos discutiendo?, en la que además participaron Jorge Aulicino, Tomás Abraham, y Leonardo Sabbatella.



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