REVISTA DE MARDULCE EDITORA
MARZO 2013 NÚMERO 04
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Los debates literarios actuales


Sobre política y literatura, los cambios en la industria editorial y los derechos digitales.

Intuyo que más que de política se suele hablar de la actualidad política. Hay un discurso muy cargado de pasión y de militancia –o de anti militancia– inusual en la historia argentina reciente, desde el año 83 hasta ahora. Mi impresión, al mismo tiempo, es que eso no interfiere demasiado en los discursos literarios; lo cual es una ventaja paradójica. No lo pienso como un elogio a los discursos literarios actuales, sino como un problema que vale la pena tener presente. En la literatura argentina hay una tradición un tanto refractaria a la actualidad política, de la cual Borges es un gran exponente pero que es anterior a él, y que todavía se mantiene. Salvo autores puntuales de cada momento, y en general son obras que envejecieron mal, no hay una zona de contacto entre la literatura y la realidad política inmediata como en otros países –existen casos en Estados Unidos, en España, o en Italia– en donde esa literatura refleja lo que sucede y responde de manera natural a la actualidad política, entendiendo por actualidad un período determinado de tiempo en el que se pueden identificar ciertas contradicciones que exceden los últimos cinco meses de política. Eso no suele ocurrir en la literatura argentina.

Siempre hubo un lugar para ese terreno más recoleto de la literatura y también de las artes visuales, donde se da algo similar. El problema que veo ahora es que eso ya no encuentra un espacio de interlocución social, o encuentra menos espacio que antes.

Recuerdo puntualmente el libro de Beatriz Sarlo que reúne las críticas que escribió para el suplemento cultural de Perfil. Independientemente del juicio que merezcan esas críticas que particularmente me gustan, allí hay un intento muy loable de ver si se puede mantener un discurso literario autónomo. Entendiendo por autónomo no lo que está de espaldas a la realidad social de lo que sucede sino de frente a aquello que tiene ciertas reglas ligadas a una tradición literaria, a un tipo de escritura. Algo que no está pautado exactamente con lo que está pasando en la política argentina desde el kirchnerismo o desde el conflicto con el campo hasta hoy, etc.

Pero también me parece muy curioso que no haya surgido una literatura violentamente política. Me llama la atención que no haya una especie de El fiord del siglo XXI o de La Fiesta del Monstruo de Borges y Bioy Casares porque creo que estamos en un momento propicio para ello. Sea a favor o en contra de una determinada postura política, se trata de un momento en el cual la literatura podría intervenir de manera brutal tomando aquellos discursos que de algún modo están saturando el campo social. Así como en un mundial la gente habla solo de fútbol durante un mes, ocurre lo mismo con la política pero no dura un mes, dura varios años. Y resulta extraño que aún no hayan surgido discursos violentamente satíricos sobre esta situación. Porque la desmesura se ha vuelto parte central de buena parte del discurso político, al menos del visible, y por tanto de las emociones políticas ciudadanas. Y creo que es un campo muy fértil para la escritura literaria.  

Otra cosa que es una lástima, tiene que ver con los proyectos y cambios que se están dando, precisamente, en el caso de la industria editorial. Las cosas más importantes que están pasando no son, en general, las que se discuten. Se toman cuestiones regionalistas o de rescates de escritores sociales, sobre todo de la década del 60 y del 70, como punto de discusión o de promoción, cuando lo más importante pasa por otro lado. Y lo más importante pasa, en primer lugar, por las editoriales independientes que siguen saliendo y a las cuales seguramente les va a ir mejor en los próximos años porque la crisis en España es muy grave y va a generar una oportunidad para el mercado argentino que hasta ahora no había tenido. Aunque existía una oportunidad en cuanto a la cuestión cambiaria (con el dólar más alto la Argentina podía exportar, comprar derechos, etc.) no había ocurrido que los españoles se retiraran. Los editores españoles están retrocediendo en la compra de derechos internacionales de libros importantes por la sencilla razón de que no los pueden pagar, o no se pueden arriesgar, o tienen miedo. Y eso va a generar un campo favorable para los editores argentinos, y menos favorable para los grandes editores cuyas casas centrales están en España y si no se contrata desde allí, se contrata poco y nada desde sus filiales.

Otra cuestión fundamental son los derechos digitales. Nadie sabe qué va a suceder en los próximos años pero es probable que se alteren las reglas del juego de la industria editorial argentina, española, y de todo el mundo. Lamento que estos debates no se hagan visibles porque mientras se discuten otras cuestiones, Amazon y Google avanzan y cuando queramos discutirlo ya van a estar instalados en un proceso que no se va a poder parar. Creo que se ha perdido una zona de independencia donde ciertos discursos que no fueran políticos podían expresarse sin culpa, sin la sensación de que no aludir a un tema, o a un momento, o a una situación, exigía una disculpa. Y eso genera un empobrecimiento, no de los discursos porque a fin de cuentas los escritores van a escribir independientemente de las disculpas que deban dar sino en la circulación de los textos y en la manera en que un escritor es leído y en la cual sus lectores le devuelven el reflejo de aquello que escribió.

Para terminar, creo que hay un espacio propicio para la sátira política. Es un momento en el que hace falta. El escritor italiano Niccolò Ammaniti, por ejemplo, escribió una novela que es una sátira política de la Italia de Berlusconi. Se trata de un texto literario fabuloso que logra meter la sátira política allí dentro. No es ni el Fiord ni la Fiesta del monstruo pero es un texto literario correcto, encuadrado en la categoría que se llama literatura internacional. Estoy extrañando gente que se burle del fanatismo, que exponga la violencia del fanatismo desde el punto de vista de la literatura pero no de manera solemne o aleccionadora sino demostrando el terror y la estupidez que eso genera. 

Conferencia pronunciada el 21 de noviembre de 2012 en Mardulce Terraza, en el segundo encuentro organizado en la terraza de la editorial Mardulce, dedicado al tema: ¿Sobre qué estamos discutiendo?, en la que además participaron Jorge Aulicino, Tomás Abraham, y Leonardo Sabbatella.



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