REVISTA DE MARDULCE EDITORA
SETIEMBRE 2012 NÚMERO 03
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España: la situación del mercado editorial


Continuamos con la serie de artículos sobre la industria del libro en diferentes países.

Continuamos con nuestra serie de reflexiones sobre el estado del mercado editorial –con especial atención en la edición independiente– en América latina y España. En este caso, la España de estos tiempos de crisis. Primero, el artículo de Liborio Barreda, un amplio panorama de los perfiles de las editoriales españolas hoy; y luego el de Julián Rodríguez, que toma el caso de la editorial Periférica.

Nuevos editores para nuevos tiempos

Por Liborio Barrera*

Intro

La aparición en España, a finales del pasado siglo, de editoriales como Lengua de Trapo, DVD Ediciones, Páginas de Espuma, Minúscula, Gadir o Funambulista anticipó el cambio que iba a producirse en la primera década del siglo XXI en el panorama editorial español: la irrupción de un importante número de pequeños sellos que han protagonizado durante estos últimos años una renovación editorial que aún hoy, en el centro del huracán de una desastrosa crisis económica, no parece haber concluido.

Esas cuatro pequeñas editoriales citadas anticiparon la llegada de proyectos como Alpha Decay, Libros del Asteroide, Nórdica, Periférica, Impedimenta, Cabaret Voltaire, Errata Naturae, Capitán Swing, Blackie Books, Alfabia, Melusina… que bien han rescatado a autores inéditos en España o de reducida difusión procedentes de tradiciones literarias consolidadas o escasamente difundidas aquí; bien han descubierto a nuevos escritores, propios o foráneos, o a otros de trayectoria prestigiosa en sus países de origen; bien han aportado textos para el debate sobre cuestiones esenciales de la sociedad actual...

Todas ellas han creado, y están creando, un tejido de lectores poco dóciles a una literatura convencional o de grandes tirajes. Incluso movimientos literarios autóctonos como la llamada Generación Nocilla empezaron a gestarse con las obras publicadas en pequeñas editoriales como Candaya o Berenice, quizá menos conocidas que las anteriormente citadas (amén de en DVD Ediciones), aunque sus protagonistas, por deseo expreso de los autores, es evidente, han acabado fichados por algunos de los grandes conglomerados del libro.

La reducida estructura de estos sellos les está permitiendo aguantar la bajada de ventas o la desaparición de librerías en medio de la crisis, aunque hay que señalar un dato negativo: una de las pioneras, DVD, anunció que cerraba hace unos meses, y se habla ya de crisis en otras más.

Estas dos “oleadas” de editoriales independientes han supuesto un relevo en el panorama de las llamadas, en ocasiones, Grandes Independientes, de mayor volumen de negocio y trayectoria de décadas (Anagrama, Tusquets, Pre-Textos, y hasta no hace tanto Lumen…), cuyos responsables, sin claros herederos en sus familias, se han visto finalmente obligados a compartir la propiedad con otras empresas para asegurar su continuidad: Anagrama ha vendido a Feltrinelli, Tusquets se ha “sumado” a Planeta, y Lumen fue vendida al Grupo Random House Mondadori.

El trabajo casi artesanal, con un gran cuidado por lo formal, por todos los procesos de la edición, es una de las claves de esta nueva edición: no sólo la selección de los escritores, sus obras y sus traductores (cuando son precisos), sino también el diseño de portadas, la elección de la tipografía, el tipo de papel o la redacción de las solapas y contracubiertas.

Su diversidad (cultural, pero también política) constituye una aportación indudable al diálogo en una sociedad democrática. La concesión en 2008 del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial al grupo Contexto, que agrupa amicalmente a seis de estas editoriales (Sexto Piso, Periférica, Impedimenta, Libros del Asteroide, Nórdica Libros, Global Rhythm) refrendaba el momento de eclosión de este movimiento de renovación editorial, que libreros y medios de comunicación también han respaldado. Fue este grupo, precisamente, el que acuñó el lema “Nuevos editores para nuevos tiempos”… como “distintivo” respecto a la generación senior quizá.

Claves

-La composición de estas editoriales es básica. Personal reducido a dos o tres personas (a veces incluso tan sólo el propio editor, con correctores y diseñadores externos), gastos mínimos (la casa propia, o piso alquilado, como sede editorial), tiradas ajustadas y conexión a internet, que ha sido fundamental para desarrollar el trabajo... Además de líneas aéreas low cost y viajes en grupo…

-Barcelona, que tradicionalmente ha sido el centro editorial español, y Madrid concentran la práctica totalidad de estas iniciativas, pero no exclusivamente. En otras ciudades, los nuevos editores han sido capaces de romper ese centralismo y difundir sus libros en igualdad de oportunidades: Xórdica y Contraseña en Zaragoza, El Olivo Azul en Sevilla, KRK en Oviedo, Candaya en Gerona, Ediciones del Viento en La Coruña, Periférica en Cáceres.

-Concebidas como empresas culturales más que “económicas”, su rentabilidad no está determinada por las altas ventas de sus libros, sino por una búsqueda de la calidad a ultranza. No andan a la caza y captura de best-sellers. Sólo un golpe de azar, un repentino cambio en el Zeitgeist librero o una circunstancia inesperada (aunque también la intuición de que sus libros pueden hallar sus lectores) convierte a veces la apuesta personal en una fuente de ingresos: Nórdica publicó un poemario y una antología del poeta sueco Tomas Tranströmer meses antes de que en noviembre del pasado año la Academia Sueca lo premiara con el Nobel de Literatura; Libros del Asteroide halló en la Trilogía de Deptford del canadiense Robertson Davis un maná económico que consolidó la presencia de la editorial en todo el país, avivada por su apuesta por un autor mítico en España desde la República: Manuel Chaves Nogales; Impedimenta lo logró con los dos libros protagonizados por el personaje Flora Poste de la inglesa Stella Gibbons; Periférica ha conseguido que un joven autor mexicano desconocido, Yuri Herrera, sea traducido por algunas de las más prestigiosas editoriales del mundo, vendiendo sus derechos a firmas como Gallimard, Faber & Faber, S. Fischer, etcétera.

-Las nuevas editoriales han incorporado como herramientas para su difusión y contacto con los lectores las redes sociales. Están en Facebook, en Twitter, disponen de páginas propias en Internet, crean microsites o booktrailers para publicitar sus lanzamientos… De manera que desde cualquier lugar del mundo, uno puede estar al tanto de sus novedades…

-Es muy notable, incluso sorprendente para quienes nos dedicamos al periodismo cultural, la rapidez con la que estas nuevas editoriales han encontrado una gran acogida, no sólo en librerías y grandes superficies, sino también en los medios de comunicación… Alguien los ha llamado “Los esperados”, lo que ya da una idea de la “necesidad” que había de renovación: las cubiertas (tapas) en las librerías españolas son ahora de muchos colores distintos, de muchos diseños diversos.

-Defensoras del libro como objeto, muchas de ellas se mantienen expectantes ante la irrupción del libro electrónico, y aún no lo han incorporado a sus catálogos.

Obras y autores

Lectores antes que empresarios, hallamos editores provenientes del propio sector, bien porque han trabajado para otras editoriales antes de fundar las suyas (Ana S. Pareja, de Alpha Decay; Enrique Redel, de Impedimenta; Diego Moreno de Nórdica; Jan Martin de Blackie Books, o Malcom Barral, de Barril & Barral) o como comerciales (Gonzalo Canedo, de Libros del Silencio). Pero también los hay ajenos a este mundo (Miguel Lázaro, de Sajalín; Irene Antón y Rubén Hernández de Errata Naturae…). 

¿Y qué autores son los elegidos? Resulta imposible constreñir en este espacio el universo de escritores y obras que conforman sus catálogos. Cabaret Voltaire, por ejemplo, se ha especializado en la literatura de habla francesa (Balzac, Cocteau, Chuckri, Gide o Modiano). Minúscula atiende en su colección Alexanderplatz la literatura alemana del siglo XX y de las áreas en las que ha ejercido su influencia (Irmgard Keun, Friedrich Reck, Franz Werfel, Soma Morgensten), Gadir ha rescatado a autores italianos (Buzzati, Vitorini, Carlo Levi, Luigi Malerba) y Nórdica, como su nombre indica, ha traído a España la literatura de los países nórdicos (Knut Hamsun, Strindberg, Lars Gustafson).

Pero ni estas editoriales ni el resto reducen a una única geografía o época su selección. Sajalín publica narrativa extranjera inédita u olvidada (Malamud, Dante, Osamu Dazai), lo que comparte con Libros del Asteroide (que sin embargo ha promovido la recuperación, como decíamos, del español Manuel Chaves Nogales). Errata Naturae, que alterna ficción extranjera (Lafcadio Hearn, Franz Hessel) y no ficción (filosofía, sociología, política, cine… con autores como Enzesberger, Hazan o Dos Passos), ha publicado volúmenes dedicados a series de televisión como Juego de Tronos, The Wire o Los Soprano); y Melusina ha optado por un tipo de ensayo combativo, crítico (ha abordado el conflicto entre Israel y Palestina, el Tercer Reich o el capitalismo).

Digamos que han enriquecido el horizonte de lectura y las visiones de la realidad. Han mirado a otros lados, inéditos o poco frecuentados en España, proponiendo una revisión cultural del siglo XX y del tiempo presente. “El mejor lector posible para cada libro”, reza uno de los principios del manifiesto que el grupo Contexto hizo público tras su fundación.

Si numerosas antologías han fotografiado en reiteradas ocasiones la imagen de una literatura hispanoamericana múltiple y libre en sus formas y temas, esa imagen puede contemplarse en los catálogos de estas editoriales, que han llevado a cabo un esfuerzo similar a la difusión que en los años 60 se dio en España a los autores que conformaron el “boom”. Veamos algunos nombres. En Periférica hallamos a los argentinos Fogwill, a la chilena Diamela Eltit, al boliviano Maximiliano Barrientos, al peruano Mirko Lauer, al mexicano Yuri Herrera, a la dominicana Rita Indiana (amén de muchos clásicos y contemporáneos en otras lenguas). En Alpha Decay puede leerse a los argentinos Fabián Casas, Pola Oloixarac e Inés Acevedo; en Veintisiete Letras a los argentino Rodolfo Walsh, Andrés Rivera y Carlos Gamerro, al costarricense Carlos Cortés o al ecuatoriano Javier Vascónez; en La Uña Rota, al argentino Diego Meret; en Barataria, a los argentinos Macedonio Fernández y Elsa Plaza, a la chilena Claudia Apablaza, a los peruanos César Vallejo y Patricia de Souza o al cubano Lorenzo García Vega; en Candaya, al venezolano Enodio Quintero, a los peruanos Sergio Galarza y Diego Trelles, a los argentinos Lázaro Covadlo y Sergio Chejfec; y en Páginas de Espuma (especializada en el género del cuento), a los mexicanos Antonio Ortuño, Ignacio Padilla y Guillermo Arriaga, a los argentinos Eduardo Berti, Ana María Shua y Marcelo Cohen, al peruano Fernando Iwasaki, al panameño Enrique Jaramillo o al venezolano Juan Carlos Méndez.

Una excepción reseñable

Una de las alabanzas que las pequeñas editoriales han recibido se refiere a su valor como sellos independientes frente a las multinacionales del libro, más pendientes de realizar equilibrios entre la inversión que requiere cada obra y el beneficio que deparará. Una excepción es el pequeño sello Caballo de Troya, creado en 2004 dentro de Random House Mondadori y dirigido por un editor senior de gran prestigio, antaño crítico literario en El País y director literario de Debate, Constantino Bértolo. Su singularidad viene dada porque es el único sello dedicado casi exclusivamente a noveles (aunque sean noveles ancianos para el lector español, como la argentina Aurora Venturini). Mercedes Cebrián, Alberto Lema o Coradino Vega han publicado en ella sus primeros libros. Algunos de estos autores han pasado a la colección de referencia Literatura Mondadori (la propia Cebrián o Lolita Bosch). Y otros han sido fichados por alguna de las nuevas editoriales (Fernando San Basilio por Impedimenta). Sin concesiones a una literatura asequible, de cliché, genérica, este sello ha ido construyendo, además, a través de sus ficciones y ocasionales ensayos un discurso de crítica política al capitalismo. Comparte el espíritu (y el físico, por sus dimensiones: uno o dos libros al mes) de las independientes, y con ellas define el panorama renovado de la nueva edición española.

*Liborio Barrera es escritor y periodista. Es responsable de las páginas de cultura de El Periódico de Extremadura, perteneciente al Grupo Z.

Un apunte: editores y no re-editores

Por Julián Rodríguez*

España se ha llenado de nuevas editoriales. Sin embargo, según los más críticos, la llamada edición independiente española está más compuesta por reeditores que por editores. Ésa es la noticia. Y ésa la “polémica”, si es que queda lugar para polémicas más allá de la crisis y el apocalipsis que anuncia, según algunos, la llegada masiva de e-books. ¿Quién descubrirá a un nuevo autor, quién apostará por los escritores desconocidos, quién traducirá lo menos mainstream en medio de un panorama saturado por recuperaciones de “clásicos” no siempre interesantes?

¿Por qué no hacer declaraciones? Periférica nació hace 6 años con vocación de ser editorial y no re-editorial… Aunque sin anteojeras: había que prestar atención también a aquellos textos “clásicos” que necesitaban más eco.

No buscamos en el Panteón de Escritores Muertos Ilustres, sino que trabajamos para crear catálogo.

Por ello, tratamos a los contemporáneos como clásicos, y hacemos que unos y otros compartan el mismo “espacio” sin distinción. Nuestros más jóvenes autores en español: el mexicano Yuri Herrera, el chileno Carlos Labbé, el boliviano Maximiliano Barrientos, la dominicana Rita Indiana y el español Carlos Pardo conviven con otros jóvenes: la francesa Valèrie Mrèjen, el inglés Gul Y. Davis, el italiano Michele Monina… pero también con Benjamin Constant y Jules Vallès, Gordon Lish y Elizabeth Smart, Franziska von Reventlow y Gianni Celati.

O dicho de otro modo: Los pichiciegos de Fogwill comparte espacio con Las cuatro estaciones de la rumana Ana Blandiana; Sobre la felicidad a ultranza del italiano Ugo Cornia (que ronda los 50) con la sutilmente demoledora Precioso día para la boda de Julia Strachey, sobrina de Lytton y autora junior del Grupo Bloomsbury y de The Hogarth Press.

No podríamos hablar de un solo libro, de un solo autor. Los breves tomos que hemos dedicado a los aforismos de Antoine de Rivarol, Gourmont  y Joubert nos resultan tan fundamentales como La asesina, del griego Alexandros Papadiamantis, o Cartas de amor a Mina Loy, de Arthur Cravan. El catálogo de una editorial es su principal y único valor; su energía y su aval. Da igual el nombre, da igual el lugar o país desde el que edites, da igual tu “poder” mediático o económico: para juzgar a una editorial lo único que hemos de recorrer son las líneas (los nombres propios, tanto los “sonantes” como los poco “sonantes” o asonantes) de su catálogo y, sobre todo, muy especialmente, la conjunción entre todos esos nombres. A todo esto algunos lo llaman “perfil”, y nos parece bien: el perfil de un rostro llamado editorial.

*Julián Rodríguez es director literario y propietario, junto a Paca Flores (responsable de prensa y librerías), de la editorial Periférica. Es también escritor.



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